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Industria naviera nuevamente encara la amenaza de un posible cierre del estrecho de Ormuz
来源: 编辑:编辑部 发布:2026/01/27 09:03:45
Las recientes protestas en Irán han vuelto a evidenciar la fragilidad de los puertos del Golfo Pérsico y de la industria naviera frente a escenarios de disrupción geopolítica. Según advierte John Manners-Bell, CEO de Transport Intelligence (Ti), el foco de preocupación vuelve a situarse en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más sensibles del planeta.
La inquietud surge ante la posibilidad de que las autoridades iraníes concreten sus reiteradas amenazas de cerrar el estrecho, ya sea como advertencia frente a una eventual intervención militar estadounidense o como represalia por ataques externos. Durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán en junio pasado, el parlamento iraní incluso votó a favor de bloquear Ormuz como respuesta al apoyo de Washington a los ataques contra las capacidades nucleares del país.
Una posible medida con consecuencias globales
De acuerdo con datos de la firma Kpler citados por Manners-Bell, “alrededor del 31% del crudo transportado por vía marítima pasa por este punto logístico crítico”, lo que lo convierte en un verdadero cuello de botella para los mercados energéticos.
Aunque Irán dispone de medios militares —minas, lanchas rápidas, submarinos, misiles costeros y aviación—, finalmente no avanzó con el cierre en 2025. Hacerlo habría provocado un fuerte daño económico a sus vecinos, afectando exportaciones de petróleo y gas, flujos de alimentos y materiales, además de interrumpir los hubs de transbordo del Golfo. También habría dejado aislado al principal puerto del país: Bandar Abbas.
En el plano energético, la situación es aún más compleja. “La mayor parte de las exportaciones petroleras de Irán salen desde la cercana isla de Kharg, y desviarlas hacia el otro lado del estrecho no es viable en el corto plazo”, subraya el analista. A esto se suma que cualquier intento de paso de tanqueros con crudo iraní difícilmente sería tolerado por las potencias navales occidentales presentes en la región.
El factor China también entra en juego. Dado que gran parte del petróleo iraní tiene como destino el mercado chino, un bloqueo o una interdicción afectaría directamente la relación de Teherán con su principal socio comercial y aliado.
Postura de Estados Unidos
En su Estrategia de Seguridad Nacional publicada en noviembre de 2025, la Casa Blanca señaló que, si bien no busca cambios políticos en la región, “Estados Unidos siempre tendrá intereses centrales en asegurar que los suministros energéticos del Golfo no caigan en manos de un enemigo declarado, que el estrecho de Ormuz permanezca abierto y que el Mar Rojo siga siendo navegable”. Cualquier intento iraní de minar o interceptar el tránsito sería respondido con firmeza.
Impacto en Mar Rojo
Un eventual cierre de Ormuz también podría retrasar la normalización de las rutas en el Mar Rojo, donde los rebeldes hutíes —respaldados por Irán— han hostigado a la navegación hacia el Canal de Suez. Aunque su actividad ha disminuido tras los ataques contra Irán y el alto al fuego en Gaza, el sector naviero sigue actuando con cautela.
Sin embargo, las expectativas de un retorno gradual a estas rutas durante el segundo trimestre podrían verse afectadas por la nueva incertidumbre en Irán y por el riesgo de una intervención estadounidense. Manners-Bell advierte que “no hay forma de prever cómo reaccionarían los hutíes ante un ataque contra su principal aliado”, lo que podría reactivar los ataques frente a las costas de Yemen.
Finalmente, el analista destaca que los países del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC) observan la situación con cautela. Aunque mantienen una relación tensa con Teherán, no desean un colapso del Estado iraní que derive en el tipo de caos vivido en Irak. “Un Estado fallido como vecino tendría consecuencias graves para el transporte marítimo en el Golfo Arábigo y aumentaría aún más la incertidumbre en el Mar Rojo”, señala.
La experiencia de la piratería frente a Somalia demuestra, según Manners-Bell, cómo la desintegración institucional puede traducirse rápidamente en amenazas directas al comercio marítimo. Por ello, incluso con un vecino impredecible, los Estados del Golfo prefieren la estabilidad antes que un vacío de poder que complique aún más el mapa logístico regional y global.